Con los pies en el aire mirando hacia el suelo

Hoy me he levantado con los pies en el aire mirando hacia el suelo, y he decidido quedarme así,  con las patas hacia arriba, sin miedo a darme un golpe. 

Me he puesto a leer los titulares de los ocho periódicos que leo normalmente para enterarme de lo que pasa en el mundo, pero he continuado con la misma sensación de vacío; el mundo está patas arriba y yo para estar a la altura de las circunstancias debo seguir con los pies en el aire mirando hacia el suelo. 

El mundo al revés
El mundo al revés

El mundo está patas arriba y cada día nos movemos como fichas de dominó arrastrados por otras fichas que tenemos al lado, y nos seguimos arrastrando, y nos caemos, y nos volvemos a levantar sin preguntar ¿por qué razón?. 

¿No sería mejor darse la vuelta?, que lo negativo fuese positivo, que los ricos fuesen pobres y que los pobres fuesen ricos, que los políticos negligentes fuesen políticos diligentes, o mejor aun, que no fuesen. 

Que los malos se conviertiesen en buenos y los buenos en malos. Me aseguro ante mí mismo que el mundo giraría mejor sobre sí mismo, sin tanto lastre en su conciencia. 

La cuestión es el quid de la cuestión. En ella misma está escondida la respuesta: el miedo. 

Eduardo Galeano, una mente que me gusta como piensa, en su libro Patas Arriba, lo describe perfectamente: 

El miedo global
Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a
la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser,
miedo de morir, miedo de vivir.

Hay un dicho popular que dice: “Quien tiene culo tiene miedo“. Y cierto es. Si el miedo fuese comida, no habría hambre en el mundo.


Mientras tanto, yo aquí seguiré, así, con los pies en el aire. Sin hacer mucho caso a todo lo que no salga de mi pequeño cerebelo. ¿Quién dijo miedo?






Nolo@2013

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