El día que yo me muera

El día que yo me muera


El día que yo me muera no habrá nubes, ni habrá lágrimas. El día que yo me muera habrá sido un día feliz, habrá sonrisas compañeras y claveles rojos esparcidos por el suelo, para liberar a las ánimas que algún día se escondieron y no quisieron salir.   

El día que yo me muera habremos recuperado lo perdido, lo que habíamos empezado a vivir, y nos perderemos al volar en el infinito. Ni habrá lágrimas en el tiempo ni los claveles se olvidarán de ti, porque el segundo que habré vivido, nunca jamás lo habré perdido, será algo inmensamente divertido, como ya anteriormente lo hubiere vivido.  

El día que yo me muera todo continuará siendo igual, pero me iré con la conciencia tranquila de haber reído y haber despertado una sonrisa en ti; no habré sido infeliz ni habré malvivido, porque el día que yo me muera te recordaré el tiempo pasar desde la aguja de tu vida, para que hiles cada segundo que pasa delante de tus ojos como una ola que quiso no haber sufrido.  

Como viven los rayos de Sol al despertar cada mañana, que se apagan lentamente cada día para al día siguiente volver a resonar con fuerza en tu ventana, recordando que la vida ni viene ni va, simplemente está. 

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