EL precio de un vaso de aire fresco

 

Ser como un vaso de aire fresco da vida a lo que no tiene sentido. Eso pensé al situarme en el paralelo superior al mío, es decir,  un metro al norte de donde me situaba todos los días para ver pasar el viento.


Quise mirar hacia el infinito pero la inmensa roca que me acompañaba no me dejaba. “¡Qué pequeños somos al lado de una montaña!” – hubiera pensado.


Es por eso que decidí escalarla sin cuerdas que me sujetasen a la pared en caso de que el aire se hiciese irrespirable y cayese al vacío. “Riesgo”- volví a pensar.


Pensé dos veces, eso no es normal para mí. Igual era importante por eso empezaba a pensar. Como si mirar al infinito no lo fuese.


Seguí escalando. El viento mientras tanto sopesaba si darme de respirar o tirarme al vacío infinito. Al final de cuentas, más o menos era lo que quería, llegar al infinito, ya fuera con la vista o con el cuerpo. Tocarlo y beberlo como un vaso de aire fresco con aroma a imaginación.


Decidí descansar. Y ahí me encuentro ahora mismo, entre nadie. En el punto de no retorno. Cada vez que miro hacia abajo sigo viendo el viento pasar, pero me da miedo volver sobre mis pasos. “No llevo cuerdas” – he vuelto a pensar.

 

Al mismo tiempo cada vez que miro hacia arriba sigo viendo oscuridad pero mi corazón me dice que tengo que seguir. La sangre tiene palabras insertadas entre sus células. Y las palabras tienen su significado, “que seguro significa algo” – pienso.


Por eso seguiré escalando, sin cuerdas, mirando hacia abajo, queriendo descifrar el viento, y mirando a la cima. “Llegaré a la cima y veré el infinito”. – habré pensado.



Nolo@2013

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