Gabo. El relato de un sueño

Este es el pequeño relato de mi sueño no concluido después de conocer algunas de las obras de Gabo, no es una biografía ni un estudio de su obra. Es la experiencia de un sueño del que te despiertas de madrugada deseando volver a quedarte dormido para continuar soñando. 

La primera vez que oí el nombre de Gabo fue a través de un libro con un inmenso título:

Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre.

 



Creo que tenía diez años más o menos cuando leí por primera vez este libro. Cuando era pequeño me gustaba poner todos los libros encima de la mesa y leer cosas que no entendía, fuesen las que fuesen.

Me impactó tanto que creo que fue una de las razones que hicieron en mi subconsciente que empezara a amar el mar, o la mar, como cada uno quiera, para mí, la mar. 

Tan solo con leer el título ya sabes toda la historia del libro, pero te empuja a leerlo, y más aún, siendo una historia real. 

 

 


Mi segundo encuentro con Gabo fue durante uno de mis encuentros con los libros olvidados de mi estantería. Por aquel entonces no conocía la palabra Soledad, es más, creía que tan solo era el nombre de una mujer. Estuve imaginándome la historia de ese libro durante muchos años. En mi cabeza surgieron miles de historias, siempre dirigidas por Soledad. Esa extraña mujer que vivió cien años:  Cien años de soledad. 
  
Hasta que un buen día me decidí a leerlo. Creo que tendría más o menos doce años. Cogí el libro de la estantería y me puse en las escaleras de mi casa decidido a comenzar una nueva aventura. Abrí la portada y me puse a leer:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.”

No entendí nada, ahora mismo lo compararía con la sensación de impotencia que puede tener cualquier alumno de 7ieteLAB al empezar a leer un libro en español hecho para nativos con un nivel cultural alto. Pero me dio igual, y me enganché.  Y no me arrepentí.

Comprendí que Soledad en realidad se llamaba Úrsula, y que los cien años fue la larga vida de esta mujer conviviendo con el loco de su marido, con las mil y una aventuras de Jose Arcadio Buendía y sus hijos, el valiente Aureliano, fantasmas que convivían con la realidad, lo mágico que era visto como algo del día a día, y sobre todo dos nombres: Melquiades y Macondo.


Cuadro de Hernando Nossa (Colombia)


No entendí mucho más del libro. Pero a partir de ese momento decidí que quería ser alquimista y vivir en un lugar parecido a Macondo.  En ese momento comencé las construcciones de naves espaciales con troncos de madera.  Me interesaba mucho el espacio. Tenía un atlas en casa (que aún sigue estando) que hablaba del espacio, de la velocidad de la luz, de la energía. Yo hacía mis propios planos e intentaba construir algo imaginario que convivía con mi realidad:  La alquimia

Desde esa primera vez ya he leído el libro cinco veces. Y cada vez que lo leo en diferentes fases de mi vida, siempre acabo con una sensación diferente. Cuanto más pasan los años y cuanto más crece mi experiencia en la vida, más amo ese libro. Sí, es mi libro preferido allá donde los haya. 
No sé, quizás algún día llegue a construir finalmente una nave espacial con troncos de madera, o siga acumulando libros encima de la mesa. Mientras tanto, sigo soñando. 
Y a vosotros, queridos compañeros de fatigas, os dejo el enlace de una página en la que podéis encontrar muchos y muy buenos relatos.  Se llama Cuentosinfin.com, que ya puestos, tiene un cuento de Gabo que me gusta especialmente:  

Siguiendo la teoría de Melquiades me reafirmo en que: Tener cultura no significa saber muchas cosas. Tener cultura significa saber el porqué de las cosas.

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